Fundador
Don Cristóbal Flores
Historia de Vida
Un 2 de octubre de 1941, en la pintoresca parroquia de San Pablo del Lago, en la provincia de Imbabura, nació un hombre destinado a transformar vidas a través de la educación: Don Cristóbal Flores.
Desde muy pequeño, su vocación fue clara. A pesar de las limitaciones económicas de su familia, su sueño de convertirse en educador nunca se apagó. En una época donde salir de su pueblo representaba un enorme desafío, Don Cristóbal tomó una decisión valiente: viajar a la ciudad de Quito para formarse como docente. Fue el primero en dar ese paso, abriendo camino no solo para sí mismo, sino también para muchos otros que vendrían después.
Ingresó a la prestigiosa Escuela Normal Juan Montalvo, donde, con esfuerzo, disciplina y un profundo amor por el conocimiento, obtuvo su título de Profesor Normalista. Este logro no solo marcó el inicio de su formación profesional, sino también el compromiso de toda una vida dedicada a la educación.
Ya como docente, su historia como educador comenzó en condiciones que hoy parecerían impensables. Su primer destino profesional fue en la provincia de Zamora Chinchipe. Para llegar, debía viajar en carro hasta Oña, en la provincia de Loja, y desde allí continuar a caballo durante varios días hasta su lugar de trabajo.
No se trataba de un viaje de formación, sino del inicio real de su vocación en acción. Llegó como maestro, dispuesto a enseñar, a servir y a dejar huella en cada estudiante. Cada trayecto recorrido, cada dificultad enfrentada, fue impulsado por una convicción profunda: transformar vidas a través de la educación.
Ese esfuerzo no solo evidencia su compromiso inquebrantable, sino también la pasión genuina que siempre llevó en el corazón por enseñar.
Tras varios años de servicio, regresó a la ciudad de Quito, donde continuó su labor en una escuela unidocente en el sector de El Topo. Su vocación y excelencia lo llevaron a participar en concursos docentes, logrando integrarse a instituciones educativas de gran relevancia como el Instituto San Pablo del Lago, donde compartió con estudiantes de diversas provincias del país.
Fue en ese mismo entorno donde la vida le regaló uno de sus mayores tesoros: conoció al amor de su vida, una distinguida educadora oriunda de San Gabriel. Su historia de amor es tan memorable como inspiradora: el día de su graduación decidieron unir sus vidas en matrimonio, de manera discreta pero llena de significado. Juntos formaron una familia basada en el amor, el respeto y la educación, criando a sus tres hijos: Gina, Antonella y Ernesto.
Su trayectoria profesional continuó en ascenso. Gracias a su preparación y liderazgo, ingresó al Ministerio de Educación, desempeñándose en el Departamento de Formación Docente y asumiendo posteriormente importantes jefaturas. Paralelamente, ejerció como asesor educativo en una de las primeras universidades del centro de Quito, consolidando su influencia en la formación académica del país.
Pero más allá de sus logros profesionales, Don Cristóbal y su esposa compartían una misión de vida: servir. Su hogar fue siempre un espacio lleno de valores, donde el amor, la humildad y la solidaridad eran el eje central. Las conversaciones familiares giraban en torno a la educación, formando no solo profesionales, sino seres humanos íntegros.
A pesar de los desafíos sociales y económicos de la época, como las huelgas y los cambios en el sistema educativo, nunca descuidaron a su familia. Su esfuerzo diario se complementaba con momentos sencillos pero valiosos: paseos familiares, visitas a la iglesia en El Quinche y tardes de picnic que fortalecían los lazos familiares.
Hombre de fe profunda, devoto de la Virgen del Cisne y del Niño Jesús, Don Cristóbal siempre se caracterizó por su humildad, su honestidad y su espíritu generoso. Su legado no solo vive en sus hijos, sino también en sus nietos, quienes lo recuerdan con ternura y admiración.
En 1993, inspirado por toda una vida dedicada a la educación, dio vida a su mayor sueño: la creación del Instituto Superior Cordillera. Este proyecto no fue solo una institución, sino la materialización de sus valores, su experiencia y su firme creencia en el poder transformador de la enseñanza.
Un Pensamiento que Trasciende:
Su Legado Escrito
La pasión de Don Cristóbal Flores por la educación también se reflejó en su producción académica, donde plasmó su pensamiento y experiencia para contribuir al análisis y desarrollo educativo.
- Crisis de la educación nacional (documento base para la primera conferencia)
- Educación maltratada y ultrajada
- Visión deontológica de la función docente
- ¿Crisis de la educación o de la enseñanza? (en colaboración con el Ing. Ernesto Flores Córdova)
- Educación y cultura (en colaboración con el Ing. Ernesto Flores Córdova)
- ¿De qué educación hablamos? (en colaboración con el Ing. Ernesto Flores Córdova)
- Modelo de educación por perfiles de desempeño (en colaboración con el Ing. Ernesto Flores Córdova)
- La investigación científica: aplicación en los trabajos de grado
- Pedagogía del amor (su obra más reciente)
Cada uno de estos textos constituye una invitación a repensar la educación desde el compromiso, la vocación y el amor.